Puntos de convergencia

Oct 22

Malambo chilango cuenta con una corta temporada en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque, donde emana una historia de migraciones emocionales y físicas

Por Ulises Ortega

¿Qué Patria tengo yo?
El regreso al desierto
Bernard Marié Koltés

En las grandes ciudades confluyen miles de historias, en cada calle una anécdota nace y en el caso del transporte público se albergan múltiples pensamientos, reflexiones y deseos que se reflejan en el lenguaje corporal que delata los sentimientos y estados de ánimo de todos los transeúntes, ya sean turistas o residentes.

Malambo chilango, montaje que cuenta con una corta temporada en el Teatro Orientación, se interna por el amplio tema de la migración, más allá del enfoque demográfico, busca las  secuelas emocionales en quienes tiene que cambiar su lugar de nacimiento por motivos políticos, económicos o socioculturales. Coproducción entre Teatro al vacío y Teatro La Luna (agrupación argentina), la puesta en escena muestra en medio de una ciudad mundial a dos hombres que se encuentra, entre el susto y la desconfianza, en un lugar desconocido para ellos lejos de su lugar de origen.

Estrenada en Argentina, la obra surge del proyecto Estéticas Migrantes que los integrantes de Teatro al vacío llevaron a cabo como un proceso de búsqueda interior que los catapultó a darse cuenta que entre migrantes existe “poco en común y tanto” a su vez. La pieza, dramaturgia y dirección de Graciela Albarenque,  muestra a dos personas que están en pleno vaivén reflexivo sobre su permanencia y pertenencia a Chilangolandia, ya que uno nació en el interior de la República y otro fuera de las fronteras mexicanas.

Los actores José Agüero y Adrián Hernández, bajo esa premisa, exploran en la propuesta el teatro del cuerpo, que apuesta por lo físico, utilizan cuchillos que representan la hostilidad y se convierten ellos mismos en piezas escenográficas para construir la estética del montaje que utiliza mínimos diálogos. La propuesta escénica plantea un espacio completamente limpio con tablas de madera a los lados y al fondo del escenario, que son utilizadas para construir una litera, una rampa o personas. Además de internar a los asistentes a una atmósfera íntima que reúne en un reducido lugar a actores y espectadores.

De Oaxaca a Neuquén, los migrantes regionales o internacionales “no conocen casas sino puertas”, viven errantes, no saben realmente a dónde van pero siguen caminando con su maleta llena de miedo y angustia, pero también de esperanza y fe.

Más allá de patrias, fronteras, pasaportes y lenguas y regionalismos, los sentimientos quedan, perduran. En medio de la desesperación, uno encuentra al otro, a ese alguien que apoye: un amigo, una pareja o una familia que ayude a estabilizarse en algún lugar que les dé una pequeña certeza, que permita tener presentes (aunque sea por la ausencia) a los seres queridos que están a kilómetros de distancia y construir un refugio, un lugar para soportar la pesadez de la soledad y provea el aire necesario para respirar y que florezca la memoria.

El título de la obra hace referencia a un baile folclórico argentino que plantea un zapateo que no tiene reglas coreográficas rígidas ya que depende de la originalidad del intérprete pero que si exige ciertas reglas de repetición. Los asistentes chilangos aprecian dicha danza en la presente obra.

Teatro al vacío explica en el programa de mano, “basa sus intereses en un teatro que trasciende en el espectador en tanto que trasciende en el actor”, un teatro en el cual es indispensable para su propuesta una interacción con el público, que tiene la tarea de retroalimentar el discurso presentado a través de una introyección y comprensión de las escenas presentadas.

El problema (en la función en la que asistí) fue ¿qué pasa cuando el público no sabe realmente hacia dónde va el montaje?, si la comunicación no se da como se espera y los espectadores realmente no se dan cuenta ni cuando es el final del montaje. Los creativos apuestan por entendimiento o compasión (bajo la premisa de entrar a la pasión “con” y “del” otro) emocional pero la construcción dramático está precisada con mayor soltura en el programa de mano que deja a los asistentes frente a un montaje que en momentos se vuelve difícil de decodificar.

En conclusión, el teatro es una migración de interpretaciones, de las propuestas que quisieron exponer los creativos, que pasa por el planteamiento escénico-actoral y finalmente la recepción de los espectadores que interpretan el acto observado. Cada quien puede decir algo del presente montaje, puntos de acierto y de desconcierto, y eso es enriquecedor para toda disciplina que busca acceder al inconmensurable, inasible e infinito universo simbólico del sujeto.

Malambo chilango se presenta hasta el 31 de octubre de 2010, todos los jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados 19:00 y domingos a las 18:00 horas en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque. Reforma y Campo Marte, cerca del Metro Auditorio.

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