Qué hay detrás de una obra de arte
Feb 6
Después de presentarse en foros en España y participar en el festival Mess de Sarajevo, la puesta en escena Las meninas regresa a los escenarios mexicanos.
Por Ulises Ortega
Un genio que busca no ser considerado como un simple pintor, un plebeyo que se dedicó a convertirse en noble, y un artista que dejó los pinceles para tener un cargo en la burocracia monárquica se resumen en Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660), un hombre que después de veinte años regresó a su profesión para hacer uno de los más grandes cuadros en la historia del arte.
El genio español está en el centro de Las meninas, obra teatral que se interna por las delgadas líneas de color y los delicados trazos que iluminan, de manera tenue, una historia que reúne a toda una época, presentada en diferentes y alusinantes, y en momentos triviales, conversaciones, reflejo de los abusos de la autoridad, las movidas políticas e intrigas que eran el común por los enormes pasillos de palacio.
Ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Óscar Liera, la obra —escrita por el mexicano Ernesto Anaya— toma elementos históricos: las crisis y decadencia del reino español, la búsqueda del artista por recibir la Cruz de Santiago (obtenida en 1658) y la servidumbre que camina, susurra y abre los ojos, son plasmados en una gran obra maestra que rebasó el tiempo.
La pintura Las Meninas o La familia de Felipe IV se considera como la obra maestra de Velázquez, pilar del Siglo de oro español. Fechado en 1656, el cuadro enmarca a once personajes que representan, no se sabe si queriendo, de una manera metafórica al país ibérico. Una época reflejada. “El arte eligió una España racista, clasista y medieval” para encubar a un genio artístico, al Aposentador Mayor de Palacio, que en cada pieza dejaba algún enigma, algo por resolver, externo del cuadro.
Interesante comedia, Las meninas, estrenada en el marco del DramaFest 2010, es un juego que se interna en la casa de los Habsburgo, en los pasillos por los cuales María Agustina e Isabelita se entretienen con las sentencias de la Santa Inquisición, “los católicos adoran a la Cruz y no a Cristo”, mientras aceptan que ser acompañantes de la princesa es el máximo cargo que tendrán en la corte real.
La propuesta crea un inteligente diálogo entre el genio con la niña, quien puede decir lo que quiera y nadie le puede callar o reclamar nada ya que es la hija de la ignominia, producto de la brutalidad y degeneración monárquica, una perversa que goza del “absolutismo absoluto”.
Para llevar al público por los pasillos de palacio con una sonrisa en la cara, los actores explotan, en diferentes niveles, su talento: Javier Díaz Dueñas expone el agotamiento y cansancio de la monarquía, sin embargo sigue luchando por tener un título nobiliario, Aurora Cano interpreta una caprichuda y, sabiéndose hija del Rey, abusiva princesa que cuestiona su entorno y en sus interiores, tiene el terror de su círculo de movilidad: un imperio endogámico que los lleva a convertirse en monstruos.
Intriga y perversidad son la materia prima que utiliza Violeta Sarmiento para representar, junto con una inocente y consciente de su condición Ichi Balmori, a la menina que lucha por extraños sueños nobiliarios. Completa el elenco Arturo Vences, quien personifica a Maribárbola, una enana que acompaña y juega con la pequeña princesa, pero que no es una simple compañía sino una cronista de todos los tiempos.
Cordelia Dvórak es la encargada de escenografía y vestuario. El espacio escénico coloca un gran marco entre el público y los actores, a los lados dos espejos que reflejan a los asistentes, a la par que el vestuario busca puntualizar los trajes que aparecen en la obra maestra de Velázquez. Además, la iluminción de Matías Gorlero retoma luces casi oscuras, recordando a los cuadros antiguos, para mostrar una cierta distancia de tiempo, completada con la escenofonía en ritmos barrocos del propio García.
Ignacio García, director escénico español, construye una estética propuesta fársica en momentos demasiado forzada, como en el caso de la interacción directa con el público de Velázquez, la reflexión de la palabra chamba o el rito, estilo brujería, en colores rojos para despertar al artista dormido después de veinte años de inactividad artística.
El cuadro ahora se va acercando al público, la inmortalidad los deja plasmados en el eterno posar que ve pasar los tiempos y las transformaciones sociopolíticas de España. Poco más de cien años después de terminado el cuadro, Europa empezó un proceso de transformación: Gran Bretaña perdió sus colonias en tierras americanas (1776), en Francia la revolución destronó el reinado de Luis XVI (1789). A principios del siglo XIX, España perdería su colonias, la Constitución de Cadiz (1812) cambiaría la forma de gobernar.
Detrás de la obra de arte hay diferentes motores, desde el deseo personal por ascender en la escala nobiliaria hasta la demanda por trascender, burlar la muerte y llegar cientos de años después y conservarse como un enigma, no sólo en el campo pictórico, sino en el reflejo de una realidad que se posaba cada vez más, un absolutismo que cayó lentamente. En el montaje, la parte social de la obra queda un poco relegada por un sólido divertimento que logra entrener, por aproximadamente una hora y media, a un público sonriente. La obra observa, qué verá.
Después de itinerar por diferentes recintos de España y presentarse en el encuentro escénico Mess de Sarajevo, Las meninas se presenta hasta el 11 de marzo, todos los viernes a las 20:30 horas, sábados 19:00 y 21:00, y domingos a las 18:00 horas, en el Foro Shakespeare.
Tags: DramaFest, Foro Shakespeare, Premio Nacional de Dramaturgia Óscar Liera, Siglo de oro
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This entry was posted on Monday, February 6th, 2012 at 12:56 am and is filed under Artes Escénicas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.















